lunes, 6 de febrero de 2012

Fàbregas, la búsqueda de uno mismo

     Si de algo le sirvió a Francesc Fábregas su etapa en Londres fue para explorar conceptos futbolísticos que jamás hubiese conocido en Barcelona. Además, no andaban las aguas tranquilas por la ciudad condal: el club se encontraba en una situación deportiva y económica difícil de rescatar. La cantera se encontraba absolutamente estancada así que muchos otros jugadores tomaron su misma decisión de emigrar (Gerard Piqué, Fran Mérida). Pero Cesc sabía donde iba. Nadie mejor que Arsène Wegner para pulir a ese niño recién nombrado mejor jugador del Mundial sub-17 y, a su vez, máximo artillero de la competición. El Arsenal, por su sistema de juego, era quizás el que mejor se adecuaba a las exigencias de su guión. 

De pronto Cesc pasó a llamarse Fàbregas y su fútbol comenzó a evolucionar hacia el estilo inglés. El técnico francés no quería que perdiera sus raíces, es más, pretendía hacer uso de ellas (posesión, control, toque) para seguir implantando su idea. Pero el fútbol inglés se siente tan orgulloso de haberse conocido que hay cosas que nunca cambian. Y la verticalidad es una de ellas: la cultura inglesa. Por tanto, el catalán fue definiendo su juego hacia la portería contraria. Su cambio hacia la demarcación de mediapunta con libertad fue determinante. Podía moverse por todo el campo sin estar sujeto a ninguna restricción posicional y donde antes veía posesión ahora veía llegada. El control excesivo  de la pelota ya no era una obsesión por lo que la posesión cambió a ser un fin: posesión de llegada a portería. Cocción a fuego rápido.


Con este surtido español-inglés desembarcó Cesc el verano de 2011 dispuesto a triunfar donde siempre había soñado. El Barcelona de Guardiola hasta esta temporada se había movido en torno al 4-3-3: defensa de cuatro, tres medios, dos extremos, y un 10 para todo. Una de las ideas del de Santpedor era poder seguir variando el sistema para que los equipos contrarios no aprendieran a combatir el sistema culé. Con Fabregas, el dibujo podía cambiar pero la filosofía se mantenía. Además, el jugador incorporaba al juego nuevas variantes de disposición al equipo: verticalidad en área contraria. No tardó en comenzar a marcar goles y agrandar sus cifras anotadoras con respecto a años anteriores. El Barça necesitaba un Cesc como Cesc necesitaba a este mismo Barça. 

Pero al de Arenys de Mar le sigue costando su asignatura más difícil:  su posición en el campo. Quizás los goles nublen ese déficit de posición que sigue acusando. Es más, no logra saber de qué juega. Su puesto natural donde más cómodo se siente y donde ha cosechado sus únicos éxitos (Eurocopa, Mundial) es en la mediapunta, el trescuartista con llegada al área, el centrocampista de los 10 goles o más por temporada. Pero ese sitio en Camp Barça está reservado para el líder, para el que lo aglutina todo: mediapunta, extremo, falso delantero (Messi). No logra, y en ocasiones lo ha reconocido públicamente, acomodarse a la posición de interior, a veces tan sacrificada como para bajar y subir con el balón, con la exigencia de mantener, durante muchos momentos del partido, la posición. Él, en cambio,  necesita llegar, buscar portería, sentir el toque a 25 metros de la linea de gol. Pero ese rol todavía no existe o, por lo menos, no ha llegado a instaurarse en el actual reino de la cocción a fuego lento. Porque este Barcelona (el de Xavi) no entiende de otra cosa que no sean transiciones lineales pacientes: portero-defensa-medio-delantera.

Es el Arsenal el que le ha ayudado y el que, de algún modo, le traiciona. Te da pero te quita. Y ahora, es momento de volver a aprender a jugar en un fútbol que un día él quiso dejar. El propio Mascherano lo reconoció en una ocasión: "Yo antes me pensaba que apoyar era acercarse al jugador que tenía el balón. En el Barcelona es absolutamente lo contrario".


La reconversión se alcanza con paciencia. Él, como siempre, seguirá aportando sus goles (muy necesarios en el Barcelona actual) pero mientras, continuará con la búsqueda de sí mismo. Su liderazgo en el juego se antoja vital para el futuro del equipo. Debe definir su rol, como bien lo conocen Xavi e Iniesta en este Barça de los 13 títulos. Porque si algo define al Barcelona de los últimos tres años es el engranaje de todas su piezas, el conocimiento exacto del cometido posicional de cada uno de sus jugadores. No será el relevo de Xavi, ni tampoco de Iniesta. Llegará a ser su propio sustituto, el que él mismo quiera. Y verdaderamente su pasado inglés le aportará, sin dudas. Pero hasta entonces ni él mejorará ni el Barcelona carburará con precisión.  Los dos se necesitan, pero uno lo tiene que dar todo: Francesc Fàbregas Soler.