jueves, 30 de agosto de 2012

Elegante Iniesta

   En ciertas ocasiones, no siempre los grandes jugadores son reconocidos con trofeos individuales. La injusticia del momento o de la prensa son factores discutidos a la hora de encumbrarlos con el máximo galardón individual. En estos casos siempre vienen a la cabeza los mismos nombres como Raúl o Thierry Henry, líder indiscutible de aquel Arsenal campeón de la Premier League sin conceder ni una sola derrota. 

Curiosamente, a veces los ídolos son creados por el propio entorno que los admira y los protege. Es así como Zinedine Zidane, siempre adorado por los diarios madrileños, ha conseguido situarlo, en la mente de todo el madridismo, en el top 4 de los mejores jugadores de la historia. Son productos auténticos de marketing: creados para satisfacer las necesidades de niños ilusionados por idolatrar a un crack o por reconocer que ellos mismos le vieron jugar en vida. Nadie niega la clase del jugador francés, hecho mago en  aquella final de Glasglow. Pero es gracioso seguir viendo a analistas situándolo como el icono de la elegancia, el fiel guardián del estilismo en el fútbol. Si cerrásemos los ojos, es posible que nos lo imagináramos jugando con traje de gala (y sin macharse). Y lo realmente espantoso es que haber visto a alguien diferente nos nuble la mirada hacia detrás y hacia lo bueno que viene (y que puede ser mejor). Jugadores elegantes los ha habido y los seguirá habiendo, iguales o, incluso, muy por encima del nivel que el francés mostró al mundo durante sus escasos 5 años en la cima. Pero es ahora, por fin, cuando la media comienza a relanzar, de una vez, a un jugador que siempre ha merecido ese trono, sucio y usado, que estaba hecho para su propia silueta. 

Y es que Andrés Iniesta jamás gozó de prensa. Ni buena ni mala, lamentablemente, jamás existió. Y más aún tras conocer el veredicto de los votos totales (19) que ha recibido para ser elegido hoy mejor jugador de Europa del año 2011. MARCA, como representante español, votó a Cristiano Ronaldo por encima del manchego aun teniendo derecho a elegir un jugador de su propio país. Justo después de la Eurocopa, y a pocos días de saber el premio al mejor jugador, ese mismo periódico acompañado de su competencia más directa, AS, dedicaron una campaña a su portero, Iker Casillas, con el propósito de colocarle en las quinielas. Y si simplemente echamos una ojeada a la portada del día siguiente la noticia queda encuadrada en el parte superior derecha. El fútbol español llevaba tiempo añorando tal azañada, solamente alcanzada en su historia por el gallego Luis Suarez.


Pero Andrés lo ha conseguido, ya nadie le tose más. Ni incluso un guapo francés, amigo de la prensa española. Y, por tanto, la reflexión aun odiosa se debe permitir: ¿Qué tiene Zidane que no tenga Iniesta? ¿Acaso no es Iniesta un jugador de esmoquin? Si se piensa en atributos puramente futbolísticos el español es claramente superior al francés. Es quizás en el gol donde Zidane le supera levemente en cuanto a estadísticas. En sus 18 temporadas como profesional en sus clubes (Cannes, Bordeaux, Juventus y Real Madrid) el marsellés promedió una media de 0,19 goles por partido, sensiblemente superior a la media del manchego: 0,09. Aunque, obviamente, la élite de 10 temporadas en un club como el Barcelona no es comparable a la del francés que llegó al equipo turinés ya con 24 años. Curiosamente, ambos fueron capaces de marcar en una final de Copa del Mundo. Regate, control, dominio, pase: cualidades que el español no tiene ni porqué discutirle. Si se comparan los títulos conseguidos las comparación termina siendo abrumadora a favor del jugador de 28 años. 

La historia del fútbol ha regalado jugadores para su propia Historia. A veces, no es cuestión de comparar sino de poner a todos en su verdadero escalafón. No es el entorno ni la prensa los que deben apremiar. La propia trayectoria de cada jugador es la que impregna el recuerdo de todos los aficionados del fútbol. La historia de Andrés no para de crecer y su leyenda ya es parte de la Historia de España. Pero se lo ha ganado él solo, sin refuerzos, incluso jugando con el jugador al que le ha hecho el mejor durante mucho tiempo. La sombra de Messi es larga en el Barcelona pero Iniesta es nuestro Messi en España y ahora, un poquito más del mundo entero. Sin forofismos. 


lunes, 30 de abril de 2012

El golpeador

      La vida suele nutrir de segundas oportunidades. A veces aparecen y a veces no. Gente con flor o gente sin suerte. Eso sí, es el talento nato en el momento perfecto lo que te hace de veras triunfar. Sobresalir, para ser más exactos. Ya lo dejaba intuir Malcolm Gladwell en su libro Outliers (Fueras de serie): "no es solo el talento sino las circunstancias lo que definen a los fueras de serie". En definitiva, cubrir el vacío existente que la vida te otorga en un periodo determinado. Si de veras esto no es cierto, no que se lo pregunten a Raúl Garcia (Pamplona, 1986), el hijo prodigo del conjunto pamplonica. Y es que la suerte llamó a su puerta, quizás demasiado pronto, en la temporada 2005-2006, con tan solo 19 años. Considerado la perla rojilla y mediapunta de nacimiento, se consolidó en el equipo rojillo al lado de un hombre veterano, el capitán, el incansable Patxi Puñal, su gran mentor. Formaron juntos un doble pivote sensacional: Patxi como hombre más retrasado y Raúl con facilidad para llegar más al área. Reconvertido a mediocentro, junto con la estimable confianza del mexicano Javier Aguirre, Osasuna realizó la mejor campaña liguera de su historia llegando a alcanzar la cuarta posición y ganándose merecidamente una plaza en la siguiente Champions League, previo pago de una eliminatoria que no llegó a superar. Fue la sensación del campeonato, era joven, la pegaba con las dos y poseía gol.

El Atlético no tardó en fijarse en él y pagó una cantidad cercana a los 15 millones de euros. Fueron unos años fabulosos para él, llegando incluso a ser capitán de las selección sub-21 durante dos campañas. En el equipo madrileño fue de más a menos, sobre todo después de la destitución de su gran  valedor en el equipo colchonero. Durante sus últimas campañas su posición fue un calvario. Coincidió en desgracia con una maldición en el mediocentro donde nadie ha llegado a establecerse desde la salida del gran Diego Simeone. No fue fácil para Raúl, bregador incansable, guerrero como ninguno. Pulido en la escuela de Tajonar, sus inrrasteables apariciones, su olfato singular para el golpeo y la llegada fueron sustituidas por intensidad y posición. No es fácil ser mediocentro y menos, si no has nacido para ello. Era un rechazo natural, una advertencia a sus origenes. Si el gol te diferencia, es difícil oponerse a ello. Te persigue en tu juego, no lo puedes evitar. Fueron, por tanto, unos años duros, donde además pasaron jugadores con algo más de caché pero con menos tacto de balón como Costinha, Cleber Santana o Maniche.

Pero, repito, si algo te enseña la vida es a aprovechar las segundas oportunidades. Sí, así es. Y es que a veces, los futbolistas, no son mejores o peores que antes. Ni mejores o peores que después. Son personas, con alicientes emocionales: faltos de confianza y apoyo. A fin de cuentas, solo se trata de eso: dale toda tu confianza y ponle donde le gusta. El jugador responde, como una fuente rebosante de talento.

Ha valido esta misma temporada, 2011-2012, para fijarnos en lo que Raúl necesitaba la porteria contraria. Ante la veia muy lejos, esta vez muy cerca. Un mediapunta con alma de delantero, como aquellos de antes. Golpeador como nadie. Un Lampard o Gerrard a la vieja usanza, de los que no quedan. La libertad para llegar.

                                    

Quizás la próxima temporada vuelva al Atleti o sea traspasado aprovechando su revalorización, pero lo que queda claro es que a Raúl necesita la libertad para crear puntos a base de goles. Se encuentra en el equipo de su tierra, con un entrenador de lucha, como él fue desde pequeño, que le otorga lo que siempre dispuso y nunca tuvo en los últimos años: seguridad para llegar. Para llegar donde él siempre soñó: a la élite a través del gol.

Ya lo decía Malcolm Gladwell: " También se trata de estar en el lugar oportuno". Y aquí lo tenemos, de vuelta, 6 años más tarde: 10 goles y Osasuna peleando por Europa. Aupa.

lunes, 6 de febrero de 2012

Fàbregas, la búsqueda de uno mismo

     Si de algo le sirvió a Francesc Fábregas su etapa en Londres fue para explorar conceptos futbolísticos que jamás hubiese conocido en Barcelona. Además, no andaban las aguas tranquilas por la ciudad condal: el club se encontraba en una situación deportiva y económica difícil de rescatar. La cantera se encontraba absolutamente estancada así que muchos otros jugadores tomaron su misma decisión de emigrar (Gerard Piqué, Fran Mérida). Pero Cesc sabía donde iba. Nadie mejor que Arsène Wegner para pulir a ese niño recién nombrado mejor jugador del Mundial sub-17 y, a su vez, máximo artillero de la competición. El Arsenal, por su sistema de juego, era quizás el que mejor se adecuaba a las exigencias de su guión. 

De pronto Cesc pasó a llamarse Fàbregas y su fútbol comenzó a evolucionar hacia el estilo inglés. El técnico francés no quería que perdiera sus raíces, es más, pretendía hacer uso de ellas (posesión, control, toque) para seguir implantando su idea. Pero el fútbol inglés se siente tan orgulloso de haberse conocido que hay cosas que nunca cambian. Y la verticalidad es una de ellas: la cultura inglesa. Por tanto, el catalán fue definiendo su juego hacia la portería contraria. Su cambio hacia la demarcación de mediapunta con libertad fue determinante. Podía moverse por todo el campo sin estar sujeto a ninguna restricción posicional y donde antes veía posesión ahora veía llegada. El control excesivo  de la pelota ya no era una obsesión por lo que la posesión cambió a ser un fin: posesión de llegada a portería. Cocción a fuego rápido.


Con este surtido español-inglés desembarcó Cesc el verano de 2011 dispuesto a triunfar donde siempre había soñado. El Barcelona de Guardiola hasta esta temporada se había movido en torno al 4-3-3: defensa de cuatro, tres medios, dos extremos, y un 10 para todo. Una de las ideas del de Santpedor era poder seguir variando el sistema para que los equipos contrarios no aprendieran a combatir el sistema culé. Con Fabregas, el dibujo podía cambiar pero la filosofía se mantenía. Además, el jugador incorporaba al juego nuevas variantes de disposición al equipo: verticalidad en área contraria. No tardó en comenzar a marcar goles y agrandar sus cifras anotadoras con respecto a años anteriores. El Barça necesitaba un Cesc como Cesc necesitaba a este mismo Barça. 

Pero al de Arenys de Mar le sigue costando su asignatura más difícil:  su posición en el campo. Quizás los goles nublen ese déficit de posición que sigue acusando. Es más, no logra saber de qué juega. Su puesto natural donde más cómodo se siente y donde ha cosechado sus únicos éxitos (Eurocopa, Mundial) es en la mediapunta, el trescuartista con llegada al área, el centrocampista de los 10 goles o más por temporada. Pero ese sitio en Camp Barça está reservado para el líder, para el que lo aglutina todo: mediapunta, extremo, falso delantero (Messi). No logra, y en ocasiones lo ha reconocido públicamente, acomodarse a la posición de interior, a veces tan sacrificada como para bajar y subir con el balón, con la exigencia de mantener, durante muchos momentos del partido, la posición. Él, en cambio,  necesita llegar, buscar portería, sentir el toque a 25 metros de la linea de gol. Pero ese rol todavía no existe o, por lo menos, no ha llegado a instaurarse en el actual reino de la cocción a fuego lento. Porque este Barcelona (el de Xavi) no entiende de otra cosa que no sean transiciones lineales pacientes: portero-defensa-medio-delantera.

Es el Arsenal el que le ha ayudado y el que, de algún modo, le traiciona. Te da pero te quita. Y ahora, es momento de volver a aprender a jugar en un fútbol que un día él quiso dejar. El propio Mascherano lo reconoció en una ocasión: "Yo antes me pensaba que apoyar era acercarse al jugador que tenía el balón. En el Barcelona es absolutamente lo contrario".


La reconversión se alcanza con paciencia. Él, como siempre, seguirá aportando sus goles (muy necesarios en el Barcelona actual) pero mientras, continuará con la búsqueda de sí mismo. Su liderazgo en el juego se antoja vital para el futuro del equipo. Debe definir su rol, como bien lo conocen Xavi e Iniesta en este Barça de los 13 títulos. Porque si algo define al Barcelona de los últimos tres años es el engranaje de todas su piezas, el conocimiento exacto del cometido posicional de cada uno de sus jugadores. No será el relevo de Xavi, ni tampoco de Iniesta. Llegará a ser su propio sustituto, el que él mismo quiera. Y verdaderamente su pasado inglés le aportará, sin dudas. Pero hasta entonces ni él mejorará ni el Barcelona carburará con precisión.  Los dos se necesitan, pero uno lo tiene que dar todo: Francesc Fàbregas Soler.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Duelo de ricos (Crónica: Chelsea-Manchester City)

    Se presentaba el City, líder de la Premier, a Stamford Bridge con ganas de olvidar su miércoles maldito. El Chelsea, en cambio, con la moral por las nubes por su clasificación para octavos de la Champions pretendía tomar un poco de aire, por fin, en el campeonato doméstico (5º clasificado a 10 puntos de los citizens). El partido en su previa generaba expectativas realmente altas: por fin, "los ricos"  frente a frente. Un duelo trepidante en su nombre pero, quizás, decepcionante en su ejecución a los largo de los 90 minutos.

Villas-Boas pronto mostró lo que sigue queriendo para su Chelsea: orden en las líneas y arreones continuos. Oriol Romeu, el canterano del Barcelona fichado por dos temporadas, parece entender a la perfección la filosofía del técnico portugués tratando de apoyar a sus centrales para dar salida de balón desde atrás. En esa faceta de ancla es, quizás, donde debe pulir su asignatura pendiente hasta el momento: tratar de dar un paso hacia delante para integrarse en el entramado del medio campo. Participar más en la construcción. Más aún observando los dos mediocentros, limitados en creatividad, a los que resguarda (Meireles y Ramires). 

Trataba, por tanto, el Chelsea de dar un vuelco a esta Premier, que ya no es capaz de atrapar, cuando Agüero a los 5 minutos de juego daba un pase genial con el exterior a Balotelli, que con gran clase, regateaba a Cech y marcaba a placer. El italiano, héroe y muchas veces villano, retaba a la grada perdonándoles la vida. Ese gol (recordando, si cabe, al cosechado por Benzema el pasado sábado) dejaba a Mancinci en su territorio favorito con el marcador a favor: el contragolpe con transiciones cortas. Y en ese terreno, todos buscan el pase magistral de Silva, más apto para partidos de toque continuo. Los blues, por el contrario, sin un juego brillante en la primera parte (con un Mata más que desparecido) se encomendaba, a ratos, al talentoso Daniel Sturridge para tratar de hacer daño por banda. Y fue allí donde llegó el gol: desborde genial del inglés y remate sin oposición de Raul Meireles en el minuto 30. Un tanto merecido más por fe que por juego desplegado. Un Chelsea, que  parece haber olvidado definitivamente la presión, y que prefiere moverse en el orden riguroso de sus líneas 4-3-3 o, por momentos, 5-2-3 (incorporando a  Romeu como auténtico líbero) . Los citizens sin un Silva inspirado, fueron carne de equipo horizontal con un toque sin profundidad ninguna. Yaya Touré, esta vez como mediocentro, parece no funcionar en partidos cerrados.


En esas se las daba ya la segunda mitad cuando Clichy  se largaba a la ducha, por doble amonestación. Mancini, más obligado que inspirado por su ideario, sacaba su arsenal defensivo: Kun por Kolo Touré y, minutos más tarde, Silva por Nigel de Jong. El City quedaba ajustado, entonces, en un virtual: 4-4-1 con Balotelli solo en punta. Y poco más pudo hacer ya el italiano. Villas-Boas, que no hizo jugar a Torres ni un solo minuto, siguió con el mismo dibujo táctico de entonces. Y es que este Chelsea, si consiguió ganar el partido, fue más por su empuje y constancia que por su juego, que continuó siendo bastante pobre. Quizás se Ramires el jugador que escenifique de veras lo que este equipo londinense. El brasileño, jugador de ida y vuelta con escasa capacidad técnica y consolidado como interior derecha, representa la garra en este conjunto diseñado para luchar  pero no para ganar una Premier, quimera inalcanzable. El título liguero es para los competitivos y los blues están aún lejos de ello. 


Lampard, retirado ya de las grandes citas, transformó el penalty cometido minutos antes por Lescott, que olvidó que en el área, territorio de valientes,  más vale jugar con todo tu ser menos con las manos. Un paradón que dio los tres puntos al Chelsea y que condena un poco más al City, incapaz de generar un juego devastador...millones de petrodólares después. Y es que al final "los nuevos ricos" tienen todo lo que quieren menos algo, que se hace con tiempo, paciencia y, sobre todo, talento: la verdadera competitividad. 


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Incertidumbre clásica

     Posiblemente, aún no tengan decidido como van a jugar. O, quizás, lo sepan desde hace tiempo. Pero esa incertidumbre que generan alrededor, a unos días de disputarse el Clásico, es tan enriquecedora que a veces, incluso, la sentimos como necesaria.  Necesaria para ilusionarnos, idear, enloquecer y para escribir, como es el caso. La incertidumbre del fútbol genera más fútbol: el antes y el después, el pre y el post, lo que hubo y podía haber sido. 

Y, en este contexto, ambos técnicos siguen jugando al despiste en cuanto a sistema se refiere. Imposible acertar alineación. Si no lo siente así, apueste, quizás el Gordo se le quede corto. Si bien han demostrado Pep y Mou es que son capaces de cambiar absolutamente su entramado táctico con tal de desconcertar al rival. No olvidemos el 4-4-2 que dispuso Guardiola, en la era Pellegrini, donde colocó a Dani Alves de interior derecho por delante de Puyol,  sacrificando a un extremo abierto a banda para dejar a Messi y Pedro como únicos delanteros. Un sistema bastante rígido,con todas las posiciones bien definidas, que creó una tela de araña bastante incómoda para el rival. Un partido, al final, aburrido pero efectivo (0-2). 
Mou también estudió al Barcelona a conciencia. Con la variante de Pepe como jugador anti-Messi en la medular o Cristiano como falso delantero centro el Real Madrid pudo maniatar al Barcelona y conquistar, así, su primer título en el campeonato español. 



La obsesión por entender bien el juego rival ha generado tanta ansiedad que las posibilidades tácticas han aumentado. Para el Barcelona, quizá esto sea más acentuado ya que su sistema es más adaptable a modificaciones sin descuidar, ni por un segundo, su perenne filosofía de juego. No se olvide que desde la llegada de Cruyff entrenador hasta muchos años después, todas las categorías inferiores comenzaron a jugar con el sistema 3-4-3 por lo que Xavi, Piqué, Fabregas o Messi han crecido con esa disposición táctica. De todas formas, tres defensas conllevarían un riesgo difícil de tomar. El Real Madrid se desenvuelve perfectamente en el rol de dominado, siempre y cuando, le dejen contar con espacios arriba y eso es, precisamente, a lo que le invitaría el Barcelona. La posibilidad de prescindir de un atacante para ganar poder en el medio sea, quizás, la fórmula del de Santpedor. Un 4-4-2 con un centro del campo en rombo: Busquets, Xavi, Iniesta y Fabregas. O, incluso, Iniesta como falso extremo quedando, a fin de cuentas, el eje de la misma manera. Si bien Fabregas lo podríamos ir considerando ya un delantero silencioso, capaz de llegar a posiciones de ataque sin generar sospecha, definidor como los mejores delanteros, pasador como el mejor mediapunta: escuela inglesa, sin duda. Un plus. Así, arriba quedarían Messi, como capitalizador de las jugadas de ataque y Alexis, que ya jugó la Supercopa de España sin desentonar. Suelen decir que el fútbol de ataque es, sencillamente, crear superioridades en todas las posiciones del campo (defensa y ataque, siendo uno más que el otro) y Marcelo es, muchas veces, el plus que permite a Cristiano centrarse en posiciones de ataque para acercarse más al área. Con la posición inicial fija del chileno en la banda derecha, el brasileño quedaría más fijado a su posición sin tantas opciones de subir al ataque. 

El Madrid, por su lado, tiene ante sí una oportunidad histórica de poder destronar, por ahora en el campeonato doméstico, a un equipo que lo ha sido todo durante tres años. Una alineación con trivote jugando en casa mostraría un miedo no acorde a su propia historia. Además, el trivote esta temporada solamente ha sido utilizado una vez, justamente fuera de casa, en Mestalla, donde las ocasiones se produjeron por fallos del rival. Di María u Ozil, por lo tanto, serían carne de banquillo algo que no gustaría a la parroquia blanca. El Real Madrid, por fin, ha encontrado su estilo y así es como debe morir: generando terror en el rival con su equipo de ataque supersónico. Y eso solo se consigue confiando de una vez en lo que se tiene pero, sobre todo, en lo que se empieza a creer. No solo de toque pausado vive el hombre. Demostrar al mundo que la velocidad que viene comienza a ser de color blanco. Confiar, creer y, por encima de todo, atacar.

Pero, mientras tanto, seguiremos jugando a ser entrenador, el mejor entrenador del mundo, el del truco final, a la espera de que nuestro smartphone, minutos antes, nos confirme, ¡por fin! la alineación oficial de cada equipo. Decía el escritor indio Deepak Chopra que en la incertidumbre encontramos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos. Por tanto, es a partir de aquí donde se van creando las expectativas de juego que dan sentido, en cierta medida, a la ilusión que vivimos por el fútbol y, en este caso, al partido que es siempre del siglo:  trivote o pivote, 3-4-3 o 4-3-3, Villa sí/Villa no, Higuain o Benzema, etc. Una capacidad para inventar, desde la duda global,  un sistema que proporcione la victoria y, si puede ser, destroce por completo al eterno rival. 
  

jueves, 1 de diciembre de 2011

Velocidades

    Una de las facetas que ha marcado al fútbol de ahora es, claramente, el ritmo de juego. Antes, la llegada al área contraria se prolongaba en exceso. Era, sin duda, un juego al ralentí. El adorno de cara a la galería era frecuente en un fútbol de paciencia inagotable.  La circulación del balón, por tanto, resultaba lenta y muchas veces previsible. Esto mismo dio alas a Johan Cruyff para formar con un 3-4-3 en su ya mítico Dream Team. El equipo era capaz de replegarse más rápido (formando hasta una defensa conceptual de 5) por lo que muchas veces no era necesario incluir un defensa central más. Además, como le ocurre al actual Barcelona, los rivales le atacaban con un solo delantero por el centro por lo que el holandés entendía, como así declaro en alguna ocasión, que con un defensor era suficiente. 

La prisa por llegar a puerta y tocar rápido, siempre vertical, fue instalándose poco a poco hasta llegar a nuestros días. El Real Madrid actual es, quizás, en estos momentos, el estandarte del fútbol de toque rápido con transiciones veloces defensa-medio-delantera. Dominan como nadie la verticalidad con un fútbol de una marcha más. El Barcelona, aunque bebe de esa fuente de perseverancia ante la porteria rival, quizás herencia del 94, imprime una intensidad distinta pero igual de eficaz .Esa alternancia de posiciones de los jugadores de arriba y la llegada de los mediocampistas a posiciones de remate crean un aluvión difícil de contrarrestar para el equipo rival. Legado reconocido de Rinus Michels, ex entrenador del equipo azulgrana y padre del fútbol total. Y esa velocidad de toque en el equipo culé se torna más que imprescindible en su idea de juego grupal. Si baja esa intensidad,  se convierte en un equipo frágil, de alma vulnerable, carente de profundidad. Y sin esa riqueza de juego intenso abierto el Barcelona se vuelve Messi. Messi y diez más. Diez del montón para no llegar a nada. Pasarse el balón y aburrir al espectador. Pregunte en Granada. 

Pero ya no es solo la agilidad mental la que esprinta más deprisa. Los jugadores cada vez son más veloces en posiciones de ataque. Salvo Bayern de Munich y Milan, que juegan con un claro 9 referencia (aunque con extremos de cabalgada), los demás grandes de Europa forman con delanteros veloces capaces de jugar al contragolpe, si la situación así lo requiere (Fernando Torres, Luis Suárez, Robin Van Persie). Estas formaciones son, incluso, más pronunciadas si delante tienen al Barcelona, siempre dueño y señor del balón.

Pep, consciente de esta situación, ha reaccionado con nuevas variantes tácticas abriendo el baúl de los viejos sueños culés, y quitándole el polvo al 3-4-3 cruyffista, hasta ahora, pendiente de actualización. Y, verdaderamente, es la línea defensiva lo que denota un cambio de mentalidad respecto a su antecesor. Por eso, ha sabido prescindir de la figura de 'Koeman' (salida de balón, colocación) para colocar a un perro de presa atrás: mejor en contundencia, choque y velocidad de anticipación. Y las estadísticas hablan por sí solas: Piqué no ha sido alineado en ninguna formación 3-4-3 esta temporada. Mascherano y Puyol, jamás exquisitos en el dulce sabor del toque de balón, representan la seguridad máxima que necesita el de Santpedor en un sistema, de primeras, algo suicida.  "Es un riesgo jugar con 3 pero lo pones en una balanza. Te llegan más pero tenemos más juego y ocasiones", declaró en la rueda de prensa posterior al partido disputado en San Siro. 

Muchos sueñan con una defensa de 3 en el Bernabéu o en una final de Champions, pero lo que está claro es que Guardiola nunca deja de evolucionar. Si ama el fútbol de ataque, siéntese y disfrute. No le dejarán indiferente. Si es hincha culé, y no sufre del corazón, abróchese el cinturón: vienen curvas pronunciadas de final todavía incierto. 



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Navas o el extremo de antes

   Se ha convertido, quizás por méritos propios, en el ídolo de la grada del Sánchez Pizjuán. Su jerarquía en el equipo pesa sobre el brazalete de capitán que porta partido tras partido. Jesús Navas (Los Palacios, 1985) fue uno de los estandartes del mejor Sevilla de su historia. El equipo estaba hecho a su medida: un claro 4-4-2 con dos delanteros en línea hábiles en el remate. Su verticalidad y velocidad en la banda derecha le hacían un jugador temible. Experto en el centro y el regate en carrera,  Barcelona y Real Madrid llegaron incluso a preguntar por él. De hecho, fue considerado por muchos analistas como uno de los mejores mediocampistas por la derecha del mundo. Uno de los últimos eslabones de una hornada de grandísimos extremos europeos como Figo, Vicente o Joaquín.

Pero, durante este tiempo, el fútbol ha ido evolucionando vertiginosamente. Una evolución hacia el brillo del centro del campo. La acumulación de centrocampistas en detrimento de un delantero como método hacia el gol (incluso puede sonar contradictorio). Al Sevilla, por supuesto, le ha llegado su momento, pasando a jugar con un delantero-referencia en punta (Negredo) y un enganche o trescuartista de último pase (Rakitic, Trochowski), por detrás. Es la realidad del fútbol de posesión que se empieza a respirar en Europa. Jugar solo dos en el pivote implica tener perdida, antes de empezar, la batalla por el control del balón. Solamente hace falta observar al actual Manchester United (con su omnipresente 4-4-2) para darse cuenta de esta realidad: casi todos los equipos le acaban dominando. Esta nueva idea de juego impresa ya en los idearios de muchos entrenadores hace que el jugador deba evolucionar al mismo ritmo. La presión adelantada que muchos equipos comienzan a ejercer sobre campo rival obliga al extremo a dominar nuevos registros impensables hasta entonces: dominio de otras posiciones del campo, velocidad en el toque de posesión y, sobre todo, capacidad goleadora. La posesión se ha vuelto tan vital que el colgar balones laterales en búsqueda del delantero adelantado se ha convertido en un riesgo absolutamente innecesario.

Del Bosque, ya en sus inicios como seleccionador español, pretendió implantar la figura del extremo pegado a la cal como impronta personal. La misma filosofía de juego de su antecesor, Luis Aragonés, pero con la amplitud que aporta el extremo. Comenzó con Diego Capel y continuó con Albert Riera. Lo mismo pretende, en algunos momentos, con Jesús Navas, que sigue sin acoplarse al estilo de juego español. El extremo de antes ya no funciona ahora, desentona en el engranaje colectivo. Si no existe juego entre líneas, capacidad de asociación ni movilidad para llegar a posiciones de remate, el extremo de antes tenderá a desaparecer con el tiempo. Pero, mientras tanto, hasta que esto no ocurra, Navas continuará aportando algo que España no necesita: dribbling en carrera y centro al área.