La vida suele nutrir de segundas oportunidades. A veces aparecen y a veces no. Gente con flor o gente sin suerte. Eso sí, es el talento nato en el momento perfecto lo que te hace de veras triunfar. Sobresalir, para ser más exactos. Ya lo dejaba intuir Malcolm Gladwell en su libro Outliers (Fueras de serie): "no es solo el talento sino las circunstancias lo que definen a los fueras de serie". En definitiva, cubrir el vacío existente que la vida te otorga en un periodo determinado. Si de veras esto no es cierto, no que se lo pregunten a Raúl Garcia (Pamplona, 1986), el hijo prodigo del conjunto pamplonica. Y es que la suerte llamó a su puerta, quizás demasiado pronto, en la temporada 2005-2006, con tan solo 19 años. Considerado la perla rojilla y mediapunta de nacimiento, se consolidó en el equipo rojillo al lado de un hombre veterano, el capitán, el incansable Patxi Puñal, su gran mentor. Formaron juntos un doble pivote sensacional: Patxi como hombre más retrasado y Raúl con facilidad para llegar más al área. Reconvertido a mediocentro, junto con la estimable confianza del mexicano Javier Aguirre, Osasuna realizó la mejor campaña liguera de su historia llegando a alcanzar la cuarta posición y ganándose merecidamente una plaza en la siguiente Champions League, previo pago de una eliminatoria que no llegó a superar. Fue la sensación del campeonato, era joven, la pegaba con las dos y poseía gol.
El Atlético no tardó en fijarse en él y pagó una cantidad cercana a los 15 millones de euros. Fueron unos años fabulosos para él, llegando incluso a ser capitán de las selección sub-21 durante dos campañas. En el equipo madrileño fue de más a menos, sobre todo después de la destitución de su gran valedor en el equipo colchonero. Durante sus últimas campañas su posición fue un calvario. Coincidió en desgracia con una maldición en el mediocentro donde nadie ha llegado a establecerse desde la salida del gran Diego Simeone. No fue fácil para Raúl, bregador incansable, guerrero como ninguno. Pulido en la escuela de Tajonar, sus inrrasteables apariciones, su olfato singular para el golpeo y la llegada fueron sustituidas por intensidad y posición. No es fácil ser mediocentro y menos, si no has nacido para ello. Era un rechazo natural, una advertencia a sus origenes. Si el gol te diferencia, es difícil oponerse a ello. Te persigue en tu juego, no lo puedes evitar. Fueron, por tanto, unos años duros, donde además pasaron jugadores con algo más de caché pero con menos tacto de balón como Costinha, Cleber Santana o Maniche.
Pero, repito, si algo te enseña la vida es a aprovechar las segundas oportunidades. Sí, así es. Y es que a veces, los futbolistas, no son mejores o peores que antes. Ni mejores o peores que después. Son personas, con alicientes emocionales: faltos de confianza y apoyo. A fin de cuentas, solo se trata de eso: dale toda tu confianza y ponle donde le gusta. El jugador responde, como una fuente rebosante de talento.
Ha valido esta misma temporada, 2011-2012, para fijarnos en lo que Raúl necesitaba la porteria contraria. Ante la veia muy lejos, esta vez muy cerca. Un mediapunta con alma de delantero, como aquellos de antes. Golpeador como nadie. Un Lampard o Gerrard a la vieja usanza, de los que no quedan. La libertad para llegar.
Quizás la próxima temporada vuelva al Atleti o sea traspasado aprovechando su revalorización, pero lo que queda claro es que a Raúl necesita la libertad para crear puntos a base de goles. Se encuentra en el equipo de su tierra, con un entrenador de lucha, como él fue desde pequeño, que le otorga lo que siempre dispuso y nunca tuvo en los últimos años: seguridad para llegar. Para llegar donde él siempre soñó: a la élite a través del gol.
Ya lo decía Malcolm Gladwell: " También se trata de estar en el lugar oportuno". Y aquí lo tenemos, de vuelta, 6 años más tarde: 10 goles y Osasuna peleando por Europa. Aupa.
