jueves, 30 de agosto de 2012

Elegante Iniesta

   En ciertas ocasiones, no siempre los grandes jugadores son reconocidos con trofeos individuales. La injusticia del momento o de la prensa son factores discutidos a la hora de encumbrarlos con el máximo galardón individual. En estos casos siempre vienen a la cabeza los mismos nombres como Raúl o Thierry Henry, líder indiscutible de aquel Arsenal campeón de la Premier League sin conceder ni una sola derrota. 

Curiosamente, a veces los ídolos son creados por el propio entorno que los admira y los protege. Es así como Zinedine Zidane, siempre adorado por los diarios madrileños, ha conseguido situarlo, en la mente de todo el madridismo, en el top 4 de los mejores jugadores de la historia. Son productos auténticos de marketing: creados para satisfacer las necesidades de niños ilusionados por idolatrar a un crack o por reconocer que ellos mismos le vieron jugar en vida. Nadie niega la clase del jugador francés, hecho mago en  aquella final de Glasglow. Pero es gracioso seguir viendo a analistas situándolo como el icono de la elegancia, el fiel guardián del estilismo en el fútbol. Si cerrásemos los ojos, es posible que nos lo imagináramos jugando con traje de gala (y sin macharse). Y lo realmente espantoso es que haber visto a alguien diferente nos nuble la mirada hacia detrás y hacia lo bueno que viene (y que puede ser mejor). Jugadores elegantes los ha habido y los seguirá habiendo, iguales o, incluso, muy por encima del nivel que el francés mostró al mundo durante sus escasos 5 años en la cima. Pero es ahora, por fin, cuando la media comienza a relanzar, de una vez, a un jugador que siempre ha merecido ese trono, sucio y usado, que estaba hecho para su propia silueta. 

Y es que Andrés Iniesta jamás gozó de prensa. Ni buena ni mala, lamentablemente, jamás existió. Y más aún tras conocer el veredicto de los votos totales (19) que ha recibido para ser elegido hoy mejor jugador de Europa del año 2011. MARCA, como representante español, votó a Cristiano Ronaldo por encima del manchego aun teniendo derecho a elegir un jugador de su propio país. Justo después de la Eurocopa, y a pocos días de saber el premio al mejor jugador, ese mismo periódico acompañado de su competencia más directa, AS, dedicaron una campaña a su portero, Iker Casillas, con el propósito de colocarle en las quinielas. Y si simplemente echamos una ojeada a la portada del día siguiente la noticia queda encuadrada en el parte superior derecha. El fútbol español llevaba tiempo añorando tal azañada, solamente alcanzada en su historia por el gallego Luis Suarez.


Pero Andrés lo ha conseguido, ya nadie le tose más. Ni incluso un guapo francés, amigo de la prensa española. Y, por tanto, la reflexión aun odiosa se debe permitir: ¿Qué tiene Zidane que no tenga Iniesta? ¿Acaso no es Iniesta un jugador de esmoquin? Si se piensa en atributos puramente futbolísticos el español es claramente superior al francés. Es quizás en el gol donde Zidane le supera levemente en cuanto a estadísticas. En sus 18 temporadas como profesional en sus clubes (Cannes, Bordeaux, Juventus y Real Madrid) el marsellés promedió una media de 0,19 goles por partido, sensiblemente superior a la media del manchego: 0,09. Aunque, obviamente, la élite de 10 temporadas en un club como el Barcelona no es comparable a la del francés que llegó al equipo turinés ya con 24 años. Curiosamente, ambos fueron capaces de marcar en una final de Copa del Mundo. Regate, control, dominio, pase: cualidades que el español no tiene ni porqué discutirle. Si se comparan los títulos conseguidos las comparación termina siendo abrumadora a favor del jugador de 28 años. 

La historia del fútbol ha regalado jugadores para su propia Historia. A veces, no es cuestión de comparar sino de poner a todos en su verdadero escalafón. No es el entorno ni la prensa los que deben apremiar. La propia trayectoria de cada jugador es la que impregna el recuerdo de todos los aficionados del fútbol. La historia de Andrés no para de crecer y su leyenda ya es parte de la Historia de España. Pero se lo ha ganado él solo, sin refuerzos, incluso jugando con el jugador al que le ha hecho el mejor durante mucho tiempo. La sombra de Messi es larga en el Barcelona pero Iniesta es nuestro Messi en España y ahora, un poquito más del mundo entero. Sin forofismos. 


lunes, 30 de abril de 2012

El golpeador

      La vida suele nutrir de segundas oportunidades. A veces aparecen y a veces no. Gente con flor o gente sin suerte. Eso sí, es el talento nato en el momento perfecto lo que te hace de veras triunfar. Sobresalir, para ser más exactos. Ya lo dejaba intuir Malcolm Gladwell en su libro Outliers (Fueras de serie): "no es solo el talento sino las circunstancias lo que definen a los fueras de serie". En definitiva, cubrir el vacío existente que la vida te otorga en un periodo determinado. Si de veras esto no es cierto, no que se lo pregunten a Raúl Garcia (Pamplona, 1986), el hijo prodigo del conjunto pamplonica. Y es que la suerte llamó a su puerta, quizás demasiado pronto, en la temporada 2005-2006, con tan solo 19 años. Considerado la perla rojilla y mediapunta de nacimiento, se consolidó en el equipo rojillo al lado de un hombre veterano, el capitán, el incansable Patxi Puñal, su gran mentor. Formaron juntos un doble pivote sensacional: Patxi como hombre más retrasado y Raúl con facilidad para llegar más al área. Reconvertido a mediocentro, junto con la estimable confianza del mexicano Javier Aguirre, Osasuna realizó la mejor campaña liguera de su historia llegando a alcanzar la cuarta posición y ganándose merecidamente una plaza en la siguiente Champions League, previo pago de una eliminatoria que no llegó a superar. Fue la sensación del campeonato, era joven, la pegaba con las dos y poseía gol.

El Atlético no tardó en fijarse en él y pagó una cantidad cercana a los 15 millones de euros. Fueron unos años fabulosos para él, llegando incluso a ser capitán de las selección sub-21 durante dos campañas. En el equipo madrileño fue de más a menos, sobre todo después de la destitución de su gran  valedor en el equipo colchonero. Durante sus últimas campañas su posición fue un calvario. Coincidió en desgracia con una maldición en el mediocentro donde nadie ha llegado a establecerse desde la salida del gran Diego Simeone. No fue fácil para Raúl, bregador incansable, guerrero como ninguno. Pulido en la escuela de Tajonar, sus inrrasteables apariciones, su olfato singular para el golpeo y la llegada fueron sustituidas por intensidad y posición. No es fácil ser mediocentro y menos, si no has nacido para ello. Era un rechazo natural, una advertencia a sus origenes. Si el gol te diferencia, es difícil oponerse a ello. Te persigue en tu juego, no lo puedes evitar. Fueron, por tanto, unos años duros, donde además pasaron jugadores con algo más de caché pero con menos tacto de balón como Costinha, Cleber Santana o Maniche.

Pero, repito, si algo te enseña la vida es a aprovechar las segundas oportunidades. Sí, así es. Y es que a veces, los futbolistas, no son mejores o peores que antes. Ni mejores o peores que después. Son personas, con alicientes emocionales: faltos de confianza y apoyo. A fin de cuentas, solo se trata de eso: dale toda tu confianza y ponle donde le gusta. El jugador responde, como una fuente rebosante de talento.

Ha valido esta misma temporada, 2011-2012, para fijarnos en lo que Raúl necesitaba la porteria contraria. Ante la veia muy lejos, esta vez muy cerca. Un mediapunta con alma de delantero, como aquellos de antes. Golpeador como nadie. Un Lampard o Gerrard a la vieja usanza, de los que no quedan. La libertad para llegar.

                                    

Quizás la próxima temporada vuelva al Atleti o sea traspasado aprovechando su revalorización, pero lo que queda claro es que a Raúl necesita la libertad para crear puntos a base de goles. Se encuentra en el equipo de su tierra, con un entrenador de lucha, como él fue desde pequeño, que le otorga lo que siempre dispuso y nunca tuvo en los últimos años: seguridad para llegar. Para llegar donde él siempre soñó: a la élite a través del gol.

Ya lo decía Malcolm Gladwell: " También se trata de estar en el lugar oportuno". Y aquí lo tenemos, de vuelta, 6 años más tarde: 10 goles y Osasuna peleando por Europa. Aupa.

lunes, 6 de febrero de 2012

Fàbregas, la búsqueda de uno mismo

     Si de algo le sirvió a Francesc Fábregas su etapa en Londres fue para explorar conceptos futbolísticos que jamás hubiese conocido en Barcelona. Además, no andaban las aguas tranquilas por la ciudad condal: el club se encontraba en una situación deportiva y económica difícil de rescatar. La cantera se encontraba absolutamente estancada así que muchos otros jugadores tomaron su misma decisión de emigrar (Gerard Piqué, Fran Mérida). Pero Cesc sabía donde iba. Nadie mejor que Arsène Wegner para pulir a ese niño recién nombrado mejor jugador del Mundial sub-17 y, a su vez, máximo artillero de la competición. El Arsenal, por su sistema de juego, era quizás el que mejor se adecuaba a las exigencias de su guión. 

De pronto Cesc pasó a llamarse Fàbregas y su fútbol comenzó a evolucionar hacia el estilo inglés. El técnico francés no quería que perdiera sus raíces, es más, pretendía hacer uso de ellas (posesión, control, toque) para seguir implantando su idea. Pero el fútbol inglés se siente tan orgulloso de haberse conocido que hay cosas que nunca cambian. Y la verticalidad es una de ellas: la cultura inglesa. Por tanto, el catalán fue definiendo su juego hacia la portería contraria. Su cambio hacia la demarcación de mediapunta con libertad fue determinante. Podía moverse por todo el campo sin estar sujeto a ninguna restricción posicional y donde antes veía posesión ahora veía llegada. El control excesivo  de la pelota ya no era una obsesión por lo que la posesión cambió a ser un fin: posesión de llegada a portería. Cocción a fuego rápido.


Con este surtido español-inglés desembarcó Cesc el verano de 2011 dispuesto a triunfar donde siempre había soñado. El Barcelona de Guardiola hasta esta temporada se había movido en torno al 4-3-3: defensa de cuatro, tres medios, dos extremos, y un 10 para todo. Una de las ideas del de Santpedor era poder seguir variando el sistema para que los equipos contrarios no aprendieran a combatir el sistema culé. Con Fabregas, el dibujo podía cambiar pero la filosofía se mantenía. Además, el jugador incorporaba al juego nuevas variantes de disposición al equipo: verticalidad en área contraria. No tardó en comenzar a marcar goles y agrandar sus cifras anotadoras con respecto a años anteriores. El Barça necesitaba un Cesc como Cesc necesitaba a este mismo Barça. 

Pero al de Arenys de Mar le sigue costando su asignatura más difícil:  su posición en el campo. Quizás los goles nublen ese déficit de posición que sigue acusando. Es más, no logra saber de qué juega. Su puesto natural donde más cómodo se siente y donde ha cosechado sus únicos éxitos (Eurocopa, Mundial) es en la mediapunta, el trescuartista con llegada al área, el centrocampista de los 10 goles o más por temporada. Pero ese sitio en Camp Barça está reservado para el líder, para el que lo aglutina todo: mediapunta, extremo, falso delantero (Messi). No logra, y en ocasiones lo ha reconocido públicamente, acomodarse a la posición de interior, a veces tan sacrificada como para bajar y subir con el balón, con la exigencia de mantener, durante muchos momentos del partido, la posición. Él, en cambio,  necesita llegar, buscar portería, sentir el toque a 25 metros de la linea de gol. Pero ese rol todavía no existe o, por lo menos, no ha llegado a instaurarse en el actual reino de la cocción a fuego lento. Porque este Barcelona (el de Xavi) no entiende de otra cosa que no sean transiciones lineales pacientes: portero-defensa-medio-delantera.

Es el Arsenal el que le ha ayudado y el que, de algún modo, le traiciona. Te da pero te quita. Y ahora, es momento de volver a aprender a jugar en un fútbol que un día él quiso dejar. El propio Mascherano lo reconoció en una ocasión: "Yo antes me pensaba que apoyar era acercarse al jugador que tenía el balón. En el Barcelona es absolutamente lo contrario".


La reconversión se alcanza con paciencia. Él, como siempre, seguirá aportando sus goles (muy necesarios en el Barcelona actual) pero mientras, continuará con la búsqueda de sí mismo. Su liderazgo en el juego se antoja vital para el futuro del equipo. Debe definir su rol, como bien lo conocen Xavi e Iniesta en este Barça de los 13 títulos. Porque si algo define al Barcelona de los últimos tres años es el engranaje de todas su piezas, el conocimiento exacto del cometido posicional de cada uno de sus jugadores. No será el relevo de Xavi, ni tampoco de Iniesta. Llegará a ser su propio sustituto, el que él mismo quiera. Y verdaderamente su pasado inglés le aportará, sin dudas. Pero hasta entonces ni él mejorará ni el Barcelona carburará con precisión.  Los dos se necesitan, pero uno lo tiene que dar todo: Francesc Fàbregas Soler.