lunes, 12 de diciembre de 2011

Duelo de ricos (Crónica: Chelsea-Manchester City)

    Se presentaba el City, líder de la Premier, a Stamford Bridge con ganas de olvidar su miércoles maldito. El Chelsea, en cambio, con la moral por las nubes por su clasificación para octavos de la Champions pretendía tomar un poco de aire, por fin, en el campeonato doméstico (5º clasificado a 10 puntos de los citizens). El partido en su previa generaba expectativas realmente altas: por fin, "los ricos"  frente a frente. Un duelo trepidante en su nombre pero, quizás, decepcionante en su ejecución a los largo de los 90 minutos.

Villas-Boas pronto mostró lo que sigue queriendo para su Chelsea: orden en las líneas y arreones continuos. Oriol Romeu, el canterano del Barcelona fichado por dos temporadas, parece entender a la perfección la filosofía del técnico portugués tratando de apoyar a sus centrales para dar salida de balón desde atrás. En esa faceta de ancla es, quizás, donde debe pulir su asignatura pendiente hasta el momento: tratar de dar un paso hacia delante para integrarse en el entramado del medio campo. Participar más en la construcción. Más aún observando los dos mediocentros, limitados en creatividad, a los que resguarda (Meireles y Ramires). 

Trataba, por tanto, el Chelsea de dar un vuelco a esta Premier, que ya no es capaz de atrapar, cuando Agüero a los 5 minutos de juego daba un pase genial con el exterior a Balotelli, que con gran clase, regateaba a Cech y marcaba a placer. El italiano, héroe y muchas veces villano, retaba a la grada perdonándoles la vida. Ese gol (recordando, si cabe, al cosechado por Benzema el pasado sábado) dejaba a Mancinci en su territorio favorito con el marcador a favor: el contragolpe con transiciones cortas. Y en ese terreno, todos buscan el pase magistral de Silva, más apto para partidos de toque continuo. Los blues, por el contrario, sin un juego brillante en la primera parte (con un Mata más que desparecido) se encomendaba, a ratos, al talentoso Daniel Sturridge para tratar de hacer daño por banda. Y fue allí donde llegó el gol: desborde genial del inglés y remate sin oposición de Raul Meireles en el minuto 30. Un tanto merecido más por fe que por juego desplegado. Un Chelsea, que  parece haber olvidado definitivamente la presión, y que prefiere moverse en el orden riguroso de sus líneas 4-3-3 o, por momentos, 5-2-3 (incorporando a  Romeu como auténtico líbero) . Los citizens sin un Silva inspirado, fueron carne de equipo horizontal con un toque sin profundidad ninguna. Yaya Touré, esta vez como mediocentro, parece no funcionar en partidos cerrados.


En esas se las daba ya la segunda mitad cuando Clichy  se largaba a la ducha, por doble amonestación. Mancini, más obligado que inspirado por su ideario, sacaba su arsenal defensivo: Kun por Kolo Touré y, minutos más tarde, Silva por Nigel de Jong. El City quedaba ajustado, entonces, en un virtual: 4-4-1 con Balotelli solo en punta. Y poco más pudo hacer ya el italiano. Villas-Boas, que no hizo jugar a Torres ni un solo minuto, siguió con el mismo dibujo táctico de entonces. Y es que este Chelsea, si consiguió ganar el partido, fue más por su empuje y constancia que por su juego, que continuó siendo bastante pobre. Quizás se Ramires el jugador que escenifique de veras lo que este equipo londinense. El brasileño, jugador de ida y vuelta con escasa capacidad técnica y consolidado como interior derecha, representa la garra en este conjunto diseñado para luchar  pero no para ganar una Premier, quimera inalcanzable. El título liguero es para los competitivos y los blues están aún lejos de ello. 


Lampard, retirado ya de las grandes citas, transformó el penalty cometido minutos antes por Lescott, que olvidó que en el área, territorio de valientes,  más vale jugar con todo tu ser menos con las manos. Un paradón que dio los tres puntos al Chelsea y que condena un poco más al City, incapaz de generar un juego devastador...millones de petrodólares después. Y es que al final "los nuevos ricos" tienen todo lo que quieren menos algo, que se hace con tiempo, paciencia y, sobre todo, talento: la verdadera competitividad. 


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Incertidumbre clásica

     Posiblemente, aún no tengan decidido como van a jugar. O, quizás, lo sepan desde hace tiempo. Pero esa incertidumbre que generan alrededor, a unos días de disputarse el Clásico, es tan enriquecedora que a veces, incluso, la sentimos como necesaria.  Necesaria para ilusionarnos, idear, enloquecer y para escribir, como es el caso. La incertidumbre del fútbol genera más fútbol: el antes y el después, el pre y el post, lo que hubo y podía haber sido. 

Y, en este contexto, ambos técnicos siguen jugando al despiste en cuanto a sistema se refiere. Imposible acertar alineación. Si no lo siente así, apueste, quizás el Gordo se le quede corto. Si bien han demostrado Pep y Mou es que son capaces de cambiar absolutamente su entramado táctico con tal de desconcertar al rival. No olvidemos el 4-4-2 que dispuso Guardiola, en la era Pellegrini, donde colocó a Dani Alves de interior derecho por delante de Puyol,  sacrificando a un extremo abierto a banda para dejar a Messi y Pedro como únicos delanteros. Un sistema bastante rígido,con todas las posiciones bien definidas, que creó una tela de araña bastante incómoda para el rival. Un partido, al final, aburrido pero efectivo (0-2). 
Mou también estudió al Barcelona a conciencia. Con la variante de Pepe como jugador anti-Messi en la medular o Cristiano como falso delantero centro el Real Madrid pudo maniatar al Barcelona y conquistar, así, su primer título en el campeonato español. 



La obsesión por entender bien el juego rival ha generado tanta ansiedad que las posibilidades tácticas han aumentado. Para el Barcelona, quizá esto sea más acentuado ya que su sistema es más adaptable a modificaciones sin descuidar, ni por un segundo, su perenne filosofía de juego. No se olvide que desde la llegada de Cruyff entrenador hasta muchos años después, todas las categorías inferiores comenzaron a jugar con el sistema 3-4-3 por lo que Xavi, Piqué, Fabregas o Messi han crecido con esa disposición táctica. De todas formas, tres defensas conllevarían un riesgo difícil de tomar. El Real Madrid se desenvuelve perfectamente en el rol de dominado, siempre y cuando, le dejen contar con espacios arriba y eso es, precisamente, a lo que le invitaría el Barcelona. La posibilidad de prescindir de un atacante para ganar poder en el medio sea, quizás, la fórmula del de Santpedor. Un 4-4-2 con un centro del campo en rombo: Busquets, Xavi, Iniesta y Fabregas. O, incluso, Iniesta como falso extremo quedando, a fin de cuentas, el eje de la misma manera. Si bien Fabregas lo podríamos ir considerando ya un delantero silencioso, capaz de llegar a posiciones de ataque sin generar sospecha, definidor como los mejores delanteros, pasador como el mejor mediapunta: escuela inglesa, sin duda. Un plus. Así, arriba quedarían Messi, como capitalizador de las jugadas de ataque y Alexis, que ya jugó la Supercopa de España sin desentonar. Suelen decir que el fútbol de ataque es, sencillamente, crear superioridades en todas las posiciones del campo (defensa y ataque, siendo uno más que el otro) y Marcelo es, muchas veces, el plus que permite a Cristiano centrarse en posiciones de ataque para acercarse más al área. Con la posición inicial fija del chileno en la banda derecha, el brasileño quedaría más fijado a su posición sin tantas opciones de subir al ataque. 

El Madrid, por su lado, tiene ante sí una oportunidad histórica de poder destronar, por ahora en el campeonato doméstico, a un equipo que lo ha sido todo durante tres años. Una alineación con trivote jugando en casa mostraría un miedo no acorde a su propia historia. Además, el trivote esta temporada solamente ha sido utilizado una vez, justamente fuera de casa, en Mestalla, donde las ocasiones se produjeron por fallos del rival. Di María u Ozil, por lo tanto, serían carne de banquillo algo que no gustaría a la parroquia blanca. El Real Madrid, por fin, ha encontrado su estilo y así es como debe morir: generando terror en el rival con su equipo de ataque supersónico. Y eso solo se consigue confiando de una vez en lo que se tiene pero, sobre todo, en lo que se empieza a creer. No solo de toque pausado vive el hombre. Demostrar al mundo que la velocidad que viene comienza a ser de color blanco. Confiar, creer y, por encima de todo, atacar.

Pero, mientras tanto, seguiremos jugando a ser entrenador, el mejor entrenador del mundo, el del truco final, a la espera de que nuestro smartphone, minutos antes, nos confirme, ¡por fin! la alineación oficial de cada equipo. Decía el escritor indio Deepak Chopra que en la incertidumbre encontramos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos. Por tanto, es a partir de aquí donde se van creando las expectativas de juego que dan sentido, en cierta medida, a la ilusión que vivimos por el fútbol y, en este caso, al partido que es siempre del siglo:  trivote o pivote, 3-4-3 o 4-3-3, Villa sí/Villa no, Higuain o Benzema, etc. Una capacidad para inventar, desde la duda global,  un sistema que proporcione la victoria y, si puede ser, destroce por completo al eterno rival. 
  

jueves, 1 de diciembre de 2011

Velocidades

    Una de las facetas que ha marcado al fútbol de ahora es, claramente, el ritmo de juego. Antes, la llegada al área contraria se prolongaba en exceso. Era, sin duda, un juego al ralentí. El adorno de cara a la galería era frecuente en un fútbol de paciencia inagotable.  La circulación del balón, por tanto, resultaba lenta y muchas veces previsible. Esto mismo dio alas a Johan Cruyff para formar con un 3-4-3 en su ya mítico Dream Team. El equipo era capaz de replegarse más rápido (formando hasta una defensa conceptual de 5) por lo que muchas veces no era necesario incluir un defensa central más. Además, como le ocurre al actual Barcelona, los rivales le atacaban con un solo delantero por el centro por lo que el holandés entendía, como así declaro en alguna ocasión, que con un defensor era suficiente. 

La prisa por llegar a puerta y tocar rápido, siempre vertical, fue instalándose poco a poco hasta llegar a nuestros días. El Real Madrid actual es, quizás, en estos momentos, el estandarte del fútbol de toque rápido con transiciones veloces defensa-medio-delantera. Dominan como nadie la verticalidad con un fútbol de una marcha más. El Barcelona, aunque bebe de esa fuente de perseverancia ante la porteria rival, quizás herencia del 94, imprime una intensidad distinta pero igual de eficaz .Esa alternancia de posiciones de los jugadores de arriba y la llegada de los mediocampistas a posiciones de remate crean un aluvión difícil de contrarrestar para el equipo rival. Legado reconocido de Rinus Michels, ex entrenador del equipo azulgrana y padre del fútbol total. Y esa velocidad de toque en el equipo culé se torna más que imprescindible en su idea de juego grupal. Si baja esa intensidad,  se convierte en un equipo frágil, de alma vulnerable, carente de profundidad. Y sin esa riqueza de juego intenso abierto el Barcelona se vuelve Messi. Messi y diez más. Diez del montón para no llegar a nada. Pasarse el balón y aburrir al espectador. Pregunte en Granada. 

Pero ya no es solo la agilidad mental la que esprinta más deprisa. Los jugadores cada vez son más veloces en posiciones de ataque. Salvo Bayern de Munich y Milan, que juegan con un claro 9 referencia (aunque con extremos de cabalgada), los demás grandes de Europa forman con delanteros veloces capaces de jugar al contragolpe, si la situación así lo requiere (Fernando Torres, Luis Suárez, Robin Van Persie). Estas formaciones son, incluso, más pronunciadas si delante tienen al Barcelona, siempre dueño y señor del balón.

Pep, consciente de esta situación, ha reaccionado con nuevas variantes tácticas abriendo el baúl de los viejos sueños culés, y quitándole el polvo al 3-4-3 cruyffista, hasta ahora, pendiente de actualización. Y, verdaderamente, es la línea defensiva lo que denota un cambio de mentalidad respecto a su antecesor. Por eso, ha sabido prescindir de la figura de 'Koeman' (salida de balón, colocación) para colocar a un perro de presa atrás: mejor en contundencia, choque y velocidad de anticipación. Y las estadísticas hablan por sí solas: Piqué no ha sido alineado en ninguna formación 3-4-3 esta temporada. Mascherano y Puyol, jamás exquisitos en el dulce sabor del toque de balón, representan la seguridad máxima que necesita el de Santpedor en un sistema, de primeras, algo suicida.  "Es un riesgo jugar con 3 pero lo pones en una balanza. Te llegan más pero tenemos más juego y ocasiones", declaró en la rueda de prensa posterior al partido disputado en San Siro. 

Muchos sueñan con una defensa de 3 en el Bernabéu o en una final de Champions, pero lo que está claro es que Guardiola nunca deja de evolucionar. Si ama el fútbol de ataque, siéntese y disfrute. No le dejarán indiferente. Si es hincha culé, y no sufre del corazón, abróchese el cinturón: vienen curvas pronunciadas de final todavía incierto.