Resulta que ahora todos los combinados nacionales quieren jugar como la Selección Española. Está de moda: presión adelantada y toque de precisión. Mola la idea. Y gracias a sus resultados recientes todos quieren tocarla. A todos, de pronto, les gusta el balón. Ya no quema, qué alivio. Si se sale en defensa con patadón, abucheo de la grada. Error de pase fácil, bronca del entrenador Y, curiosamente, además, esta idea de juego de posesión genera títulos de prestigio. Mola la idea.
Visionamos a la Alemania de toque fino (Ozil, Kroos, Schweinsteiger), a la Holanda de velocidad en punta de ataque (Robben, Sneijder, Van Persie) o la Italia de los tres mediocentros de control (Pirlo, Marchisio, De Rossi). Ninguna desprecia la pelota: antes fue el físico, ahora es el talento. Y, España, que antes se gustaba jugando con cinco en el medio, quiere incluir uno más de partida, por si acaso (Busquets, Alonso, Xavi, Iniesta, Silva, Fabregas). Mola la idea.
Y, entonces, todos adoramos el fútbol de ahora. Idea de control del juego frente al adversario: si quieres el balón, ven a quitármelo.
Pero, de pronto, el día menos pensado, España aparece en el camino. Y la duda ronda al cuerpo técnico del país contrincante: ¿Destrucción al juego de toque español o fidelidad en la nueva filosofía adoptada? Holanda, en la final del Mundial de Sudáfrica, tomó un camino distinto al empleado hasta entonces. Y perdió sin brillantez. Alemania, fiel a su juego, no olió la pelota en los 90 minutos.
Mola la idea, sí. Hasta que se te cruza España.
Sería muy aventurado juzgar el juego de la selección española tras los últimos partidos jugados (derrota contra la italianizada Inglaterra y empate in extremis contra Costa Rica). Pero si podemos sacar alguna conclusión: la posesión no vale para nada si no existe juego sin balón. Los movimientos para crear espacios son la clave en el fútbol y, en especial, para el juego de toque. De lo contrario, el fútbol se hace muy previsible, se facilita la tarea defensiva del equipo rival y lo que es más importante, se produce un agotamiento no físico sino mental en los jugadores, que se traduce en: pérdida de concentración, errores "no forzados", urgencias (malas consejeras en el fútbol)...
ResponderEliminarLo hemos vivido con en el Barça esta temporada. Ese partido contra el Granada fue un infierno, soporífero para el espectador, la segunda parte de Anoeta o incluso contra el Milán en Champions.
El fútbol de toque sí, pero jugado con intensidad por favor.